Desaparezco Aquí

20060803

 

Los ponys

Puse pony blues por el título de un disco. Cuando escribes pony blues en el buscador sale: Charley Patton. Me dio por Robert Johnson y por Charley Patton. Quejidos básicos, música de profundidad simplísima, que llega a nosotros desde una distancia salvaje, la del tiempo, con esas grabaciones maltrechas, y la de la cultura, pervivencia de escasos signos identitarios en individuos expatriados y humillados. Ese blues es casi un lamento metafísico. Catarsis de tipos que tienen censurado cualquier signo de libertad. Yo creo que por ello todavía se entiende, todavía tiene la capacidad de estremecer. Ignoro el porqué de ese título. También es el título de una canción, pony blues. Tiempo atrás había fotografiado un pony en un parque de atracciones. Salí a comer con unos amigos y su hijo pequeño. Querían ir a ese parque por el niño. Me llevé la cámara porque el niño era entonces muy pequeño y esa era una de sus primeras salidas, y pensamos que era buena idea fotografiar sus reacciones y sus juegos. Tenían un pequeño zoo en el que había animales de granja, pavos, y un pequeño pony en un recinto vallado, que sacaban previo pago para que los niños lo montaran. Todo estaba muy descuidado y el pony tenía la estampa más triste que te puedas imaginar. De esa foto salió un pequeño cuadro. Y luego está esa otra canción. Este verano he comprado el disco de Hidrogenese. Me lo pongo bastante en el coche. En el corte seis hablan de las cosas más tristes, las cadenas de montaje, las tiendas de animales, y de pronto gritan: los caballitos pony.

20060730

 

Abbas Kiarostami y la desnudez

Recientemente hemos visto El Sabor de las Cerezas, una película del 96, dirigida por Abbas Kiarostami. He visto algunas de estreno, en su día, como A Través de los Olivos, otras en la tele, como el documental de ... Y la Vida Continúa, estremecedor, sobre los estragos de un terremoto en el lugar de filmación de su película más famosa ¿Dónde está la Casa de mi Amigo?. Esta última y El Sabor de las Cerezas las he comprado en dvd y las he visto con las extrañas limitaciones de este soporte, ese color violáceo que aparece en la parte de arriba de la pantalla, y esos extraños ralentíes y cortes en mitad de la emisión. Debe haber alguna causa técnica que desconozco. Los juegos de Kiarostami, ahora ya muy manidos, producen una sensación envolvente. Kiarostami es un naturalista que va deshojando el árbol hasta verlo desnudo, hasta descubrir la raquítica estructura con la que se sostiene la ficción. Recientemente he leído que el primero en hacer esto fue Velázquez, con Las Meninas. Juego de espejos que desentraña el artificio. Distancia. Derrumbe. Derrota del cine, en Velázquez derrota de la pintura. Kiarostami nos atrapa por su implacable puesta en escena, de gran austeridad, con la que acompaña la sobrecogedora simplicidad de lo representado, la devastación del paisaje iraní, la pobreza de sus gentes, el contraste con personajes privilegiados, occidentalizados, él mismo. Un hilo argumental mínimo: un hombre busca a alguien que le cubra de tierra cuando se suicide. Recoge a personajes de diversa índole: un militar, un seminarista, un taxidermista. Los puntos de vista sobre el asunto son simples, casi ingenuos, como la potencia de las verdaderas razones que enfrentan a querer vivir y a querer morir.

20060723

 

Molde

Ahora piensas que te has vaciado. Nada. Todo para los otros. Nada para ti. Todo está fuera. Una devastación acabó con la vida de dentro. Ninguna forma. Ningún sistema. No hay secretos. Como Zélig, rindiendo tributo. Dejando pasar. Con pleitesía. Sin acritud. Admirando esa masa informe que llaman humanidad. Ustedes primero, por favor. Tú eres lo importante. Todo por vosotros. Llamémonos comunistas paramísticos, por ejemplo. Ahora crees que sólo tienes voluntad para tratar de encontrar en el otro alguna prueba de tu propia existencia. Ni rastro de originalidad. No digamos de voluntad. Y menos de voluntad creativa. Ahora dudas si alguna vez hubo de eso.

20060722

 

Hezbolá

El actual acoso militar por parte de Israel al Líbano permite conocer mediáticamente el difícil equilibrio social y político de este pequeño país. Al igual que Afganistán, pero por otros motivos, el Líbano es un ejemplo de humillación y resistencia. Israel no es más que un implante occidental en oriente, un enclave estratégico de dominio y vigilancia estadounidense. El resto es una gran mentira y una infame manipulación de la historia. Para los occidentales los muertos orientales son menos muertos, hay mucha distancia, no sólo geográfica. Es como una película de terror fantástico, nos atemoriza pero estamos seguros de no sufrir lo mismo. Encima, son nuestros enemigos culturales, ancestrales. ¿Por qué lloran tanto esas mujeres? ¿De qué se quejan? ¿Por qué no limpian toda esa suciedad? El Líbano es el hogar de múltiples etnias y religiones que conviven extrañamente, legislando extrañamente para mantener un extraño equilibrio. No puede haber matrimonios mixtos. Determinados puestos de trabajo son exclusivos, por ley, para musulmanes o para cristianos; incluso se reparten los cargos públicos por etnias religiosas. Los palestinos refugiados son excluidos de los sectores más privilegiados del mercado laboral. En medio de esta situación, el ejercito israelí hace incursiones sistemáticas en territorio libanés, después de que fueran expulsados por milicianos musulmanes. Por otro lado, los sirios reclaman parte del pastel, prestando apoyo interesado a cambio de influencia política. El futuro, dicen algunos, pasa por deshacerse de sirios e israelitas, y establecer un estado laico que legisle igual para todas las etnias religiosas. Todo parece imposible. Hezbolá es la solución desesperada: partido político y agrupación militar. Las despiadadas agresiones israelitas son omnipotentes. Los milicianos los expulsaron una vez, lo que los hizo fuertes y populares. Esta vez se trata de una agresión desde fuera, asesinando a la población civil, y apoyada por el maldito poder unilateral que gobierna por encima de todos. Asistimos a un nuevo aniquilamiento de otro país oriental, esta vez por parte del vástago. Y nadie va a hacer nada sino ver. Enchufar la televisión y ver cómo caen bombas.

20060715

 

Cerrado por vacaciones

Me levanté sobre las diez. Compré el periódico. Siempre hay alguna foto que me interesa. La fotografía de prensa suele ser muy obvia, sin embargo, a veces hay alguna imagen que me sirve. O me sirve una parte, o una serie. Algunas veces busco cosas que he visto en la tele, la misma historia ilustrada casi siempre con fotografías que se corresponden con la secuencia de video que salió en televisión. Llevo un año queriendo encontrar las escaleras que utilizan los africanos para saltar por la frontera. Vi en un noticiario un barrido del lugar donde las dejaron tiradas, decenas de esas rudimentarias escaleras. Nunca encontré ninguna imagen fija de ello. Pensé hacer maquetas a escala. Si las originales miden cinco metros, cortaría ramas de cincuenta centímetros. Esperaba las vacaciones. También quería hacer una práctica de fotografía, para después hacerla en clase. Fabricar una cámara con una caja de cartón. He oído que les gusta a los chavales. Estoy pintando un par de pequeños cuadros sobre tabla. Uno de ellos lo he tapado varias veces y lo he vuelto a pintar. No encuentro la forma de resolverlo. Mis cuadros han de pintarse rápido. Si no salen en pocas horas, ya no salen. Hay que tapar y volver a empezar.
Poco a poco me voy relajando y recuperando cierta forma física. Me he comprado unas Nike para salir a correr, estaban de oferta en Decatlon. Ayer pactamos nuestro viaje y cenamos en El Colonial. Fue agradable. Ya casi he acabado de leer el libro de Peter Stamm. Me entristece un poco terminar un libro que me gusta mucho, porque tardaré varios en encontrar uno que me guste así. Casi siempre me entrego a lecturas mediocres, o a lecturas brillantes que no van conmigo y que siempre requieren un esfuerzo de atención que no me gusta hacer en verano.
Podría llenarlo todo de anécdotas. Un dietario no es más que un anecdotario. Tendemos a pensar que nuestras anécdotas son relevantes. Hay que hacerles poco caso.

 

Cantautores

Proliferan como hongos. No es casualidad. Se trata de la forma de expresión más adecuada a esta época. El genio nunca volverá. Hay miles de elegidos. Todos tienen algo que confesar. Todos dan intimidad. La autoría ya no es social. Ya nadie pretende adscribirse a un rezo. Todos quieren tener voz propia. Aunque repitan lo de todos.

 

Penitencia

El atrevimiento no nos ha librado del sentimiento de culpa. Sabemos que no va a ser expiado por ninguna penitencia, pero ahí sigue. La falta de supersticiones no quitan la mala suerte. De otra manera, quizá, podíamos echar la culpa de nuestra mala suerte a determinadas señales. Todas las señales son aleatorias, toda penitencia inútil. Al final, vamos a ser los culpables de nuestra mala suerte.

20060710

 

Peter Stamm y la apatía

Peter Stamm es un cosmopolita. Europeo, ha vivido en diversas ciudades del continente, y en otras de los Estados Unidos. Eso no le salvaría de ser un mal escritor. Pero en mi opinión sí es un condicionante de su literatura, que es de las más prometedoras, dado que es muy joven y todavía, probablemente, no ha desarrollado todo lo que apunta. Ha publicado hasta ahora dos novelas cortas, Agnes y Paisaje Aproximado, y dos libros de cuentos, Lluvia de Hielo y En Jardines Ajenos. No tiene desperdicio. Su aportación, dentro de un clasicismo que diría fordiano, entra en la sutileza de lo etéreo, del instante revelador al que llega con la calma de una prosa que gotea al ritmo de las notas de piano de "All my bad thoughts" (las imágenes de Stamm deberían acompañar melodías de Roger Quigley). Si hablamos de ficción, de su imposibilidad, hemos de obviar que ya nada nos puede decir la trasparencia de un estilo claro, clarísimo, que sin embargo nos llega con la maestría de una inteligencia que se revela en los detalles. Canciones tristes, mal tiempo, indiferencia, mucha indiferencia, desarraigo de conciencia, personajes guiados por el azar, personas sin determinación que ven pasar las cosas con la distancia de la falta de objetivos, desnutridos emocionales que plantean sus acciones con la frialdad de la desesperanza. Probablemente habría que enmarcar estas narraciones dentro del minimalismo, del relato de estructura plana, que no empieza en nada y no conduce a nada, como Carver, como Ford, como Barthelme, aunque con un ingrediente europeo que nos recordaría a la devastación emocional de Kjell Askildsen, sin la implacable mortandad de éste, quizá. Creo que lo que hace que los libros de Stamm sean mucho más interesantes que los de otros escritores jóvenes, llamados pop, es su capacidad de envolver al lector en torno a situaciones complejas, vívidas. Sentimientos de inanición existencial en el marco de escenografías tan realistas como el suelo que pisamos todos los días. Creo que los personajes de Stamm no sólo son desplazados físicos, su apatía mental deviene en diferencia emocional. Como si fueran capaces de deconstruir los sentimientos, desmenuzarlos y hacer una reducción al vacío. A la vez, su búsqueda, en un mundo de ciudades globales, ciega, racional y fría, desesperanzada, sin embargo desesperada, es en el fondo una pulsión romántica, última, mortal, pero muy nuestra. Hace años yo le copié el título de su segunda novela. Prometo copiar más.

20060708

 

Coca Cola

Me da miedo salir a la calle. Salgo, de pronto, a por el periódico. S. tardará un poco, ha ido a ver a su madre. Me siento en un banco. Trato de leer. Pero me pongo a pensar en toda esa actividad, todo ese movimiento. Un flash me atraviesa la cabeza, como un relámpago. Me da vértigo pensar que no entiendo nada. Procuro establecer un juego. Trataré de asociar palabras, feliz, espantapájaros. Tiene algo de sentido, feliz, espantapájaros. Hace años leí el diario de Paul Klee. Recuerdo que escribía poemas. Elegía palabras al azar y luego trataba de relacionarlas en un poema. Casa, coño. Paul Klee ordenaba primero sus palabras, así: feliz/espantapájaros/casa/coño. Luego escribía el poema. Creo que el método es surrealista. Se provoca de esa forma el automatismo. Trato de entender toda esa actividad. Ahora temo entrar en casa. No está S. Es su casa. ¿Por qué he elegido esas cuatro palabras? Creo que soy incapaz de terminar el poema. Quizá debiera ir a un psicólogo. No me creo tan importante como para que me psicoanalicen. Si tuviéramos que soportarnos eternamente se harían necesarios los apaños. La brevedad nos reconcilia con nuestros defectos.

20060706

 

Peregrinos

He salido a la calle a comprar un poco de gazpacho. Me he encontrado a la primera familia de peregrinos. Enfilaban la calle en perfecta simetría, todos ellos gorditos, con la piel sonrosadita y equipados con el estupendo kit del peregrino con los colores del Vaticano. Caminaba yo con una exultante alegría, casi insultaba con ella a todo el que se cruzaba conmigo, me iba repitiendo a mí mismo lo bienhumorado que estaba. Incluso, al llegar a la altura de aquellos retretes portátiles que han instalado en las calles para que las monjitas echen la pota cuando les de una lipotimia, hice el amago de abrir uno de ellos para, quién sabe. Los peregrinos caminaban alternando, con gracilidad, el orden de cogerse de la mano: a veces el papá cogía a la mamá, otras veces la mamá al hijito o la mamá a la hijita, o era el papá a la hijita o al hijito. Vestían todos conjuntados con colores pastel, para subrayar quizá su feliz estampa. Pronto morirán achicharrados, pensaba. Al cruzarnos era como si hubiese un choque de alegrías, la mía, por el inicio de las vacaciones, y la suya, por la venida del Papa. Por un instante estuvimos hermanados. Sonó esa musiquilla. Y casi me pongo a cantar. Y sentí ganas de abrazarlos, de estrujar toda la salud de sus carnes de mazapán, de decirles que estoy encantado de que existan, peregrinos, gentes que tienen la certeza de caminar por el lado correcto de la vida, sentí ganas de enfilar con ellos la llegada del Papa, de invitarlos al concierto de Bob Dylan, de, yo qué sé, tomarnos una horchata o un poco de gazpacho.

 

Diario de enseñador: familia y animales

Podium:
Medalla de oro. Xavi. El oso. Ciencias. Xavi es un rey. Hay gente que tiene ese porte. Majestuoso, grave, templado, es amable, pero de un zarpazo te pone en tu sitio. Hubiese sido el perfecto grizzly man, se hubiese llevado estupendamente bien con otros osos. Entre los niños tiene ese punto de respeto justo, ese equilibrio entre el miedo y la confianza que considero tan difícil de conseguir. En la sala de profes aprovecha para prepararse las cosas, he podido observar que se trata de un tipo extraordinariamente ordenado. Debe programar sus clases al milímetro. Su tempo es lento, pero imagino que debe tener la fuerza necesaria para contagiar al alumno el ritmo que quiere.
Medalla de plata. Concha. Valenciano. La hiena. Concha es una verdulera. Es una de esas señoras desinhibidas, sin dobleces ni malas intenciones, tiene conexión directa entre habla y pensamiento: lo que piensa lo suelta, sin más. Le guste a quien le guste. Creo que esa falta de inhibición le da tranquilidad. Ese no esconder nada, no guardarse nada para si, aparentemente, le produce una cierta paz de espíritu. Es como una ecuación matemática, no hay misterio. Es una tipa muy divertida en la sala de profes, y lo debe ser también en clase. Decirlo todo le mete en líos, ella es consciente de ello y lo asume, y tiene la suficiente capacidad de distanciamiento como para disfrutar de ello.
Medalla de bronce. Carlos. Tecnología. El chimpancé. Es un padre con los niños. Fue una persona práctica, un técnico, en otro tiempo; hasta que decidió que el tiempo es lo más importante. Es mayor y ha trabajado en curros de toda índole, lo que le da una alegría que echa para atrás, e ímpetu, como un obrero, le falta silbar por los pasillos y echarles piropos a las señoras. Además, tiene facilidad con los niños, le gustan y es capaz de motivarlos. Es un payaso, pero con gracia, con capacidad de relativizar las cosas y con generosidad. Me gusta porque sabe disculparse, conmigo lo ha hecho cuando me cargó con algo que no me correspondía. En definitiva, es de los que lo aligeran todo, de los que lo hacen fácil. Y eso se agradece.
Nominados:
Tres puntos. Juan Carlos. El koala. Gimnasia. Parece sacado de una de aquellas pelis de los ochenta, los albondigas o algo así. Monta cada lío que es de risa, si no fuera porque sus montajes te cargan de faena porque es incapaz de sacarse las castañas del fuego. En una ocasión puso en marcha los altavoces del patio y se dedicaba a darles órdenes a los niños desde el gimnasio. Todo el centro podía escuchar perfectamente, en horario de clase, los gritos del señor Juan Carlos, nos asomamos todos a las ventanas porque nadie tenía claro lo que estaba pasando, cuando, de pronto, un crío le coge el micro y empieza a soltar paridas por el altavoz, se escucha entonces la discusión del profe con el alumno: dame el micro, que no, que me lo des. Me caería bien si no me hubiese enviado chorros continuos de alumnos expulsados a la sala de guardias, en ocasiones con la absurda benevolencia de estar expulsados "sin estar expulsados", es decir, que el tipo se ha estado quitando de encima a los malos continuamente, por el morro, y que los aguante otro, como si a los demás nos gustase. En la sala de profes es el típico gracioso mala sombra, sólo él ríe sus propias gracias. Y siempre está hablando por el móvil, en voz bien alta, para que todo el mundo se entere y sin ningún tipo de consideración. Es culturista, para colmo.
Dos puntos. Ana. Peté. La cerdita. Ana es un personaje estrella. Es desinhibida como Concha, pero la diferencia es que Concha sabe respetar las distancias. Ana es del tipo "entradita". Te busca el punto débil y, cuando lo encuentra, lo pone en evidencia. Luego sabe ser generosa, pero por el rollo estrella, porque necesita por encima de todo que la admiren. Lo que más le gusta es hablar de ella misma, "es que yo soy así" es su frase favorita. Defiende la idea, tan de gran hermano, de que "es de valientes" decirlo todo "a la cara", sin importarte quién tengas enfrente, esa televisiva idea de que todo tiene que ser evidenciado. Luego suelta "es que yo soy así", como si sirviera de excusa; te dan ganas de enchufarle la polla en la boca y decirle, es que yo soy así. Me irrita especialmente su risa, es absolutamente escandalosa, y su manera de poner en evidencia quién es amigo suyo y quién no lo es. A mí trató de reclutarme para su causa (su causa no es más que ella misma), hasta que salí huyendo.
Un punto. Oscar. Filósofía. El caniche. Oscar es el perrito faldero de Ana. Es la prueba de que alguien supuestamente menos inteligente es capaz de dominar a alguien supuestamente más inteligente, o de que para estudiar filosofía no es necesario serlo en demasía. Pretende ser dialéctico, luego resulta ser emocional, de manera que le tumba cualquiera. Admira a Woody Allen, Tarkowsky le parece "demasiado raro", le gustan los solos de guitarra de Vicente Amigo y odia el relativismo, como el Papa. En fin, poco a poco, día a día, se fue fraguando la fobia. A pesar de que de las fobias, como de las filias, el principal responsable soy yo.

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